Mapear, traducir, traicionar
- 8 ago 2015
- 1 Min. de lectura
Conocer un territorio es tarea complicada. Representarlo no lo es menos.
En estos días que corren (o vuelan) la información abunda y desborda nuestra capacidad de asimilación. Frente a esa maraña de porcentajes sin medida, de mecánicos indicadores y de números indescifrables, nuestra percepción, nuestra experiencia, pareciera cada vez hacerse más pequeña e insignificante.
El número tiene sentido si es que pasa por nuestro cuerpo, al experimentarlo, es entonces cuando ese dato se vuelve significativo, cuenta. Esta reivindicación no es nueva, no la hemos inventado nosotros, pero nunca está de más recordarla[1].
El mapa es una de las herramienta que hace esto posible. El mapa grafica esa experiencia que acontece en un territorio, la vuelve lenguaje, la comunica. La traduce. Y también la traiciona. Decía un cantaor magistral[2] que el flamenco tiene como propósito traducir la tradición, siendo consciente que en esa operación siempre aparecerá la traición. Cuando se mapea un territorio, se aprehende, se abstrae, se traduce y se traiciona. La complejidad y la riqueza del mismo se reduce, como un sacrificio que el lugar hace para poder ser comunicado, para poder ser contado. Si tenemos una experiencia en la que nuestro cuerpo ha estado inmerso en ese territorio, con los sentidos abiertos, absorbiendo, seremos menos traidores y más intérpretes.
Sigamos traduciendo, a través de mapas, por qué no; pero eso sí, seamos traidores, fieles al menos, a nuestra experiencia.

París. Anagramas gráficos. Les Villes Rangees. Caron, Armelle. http://www.armellecaron.fr/works/les-villes-rangees/
[1] Re(de nuevo) + cordis(corazón). Recordar: volver a pasar por el corazón.
[2] Enrique Morente, granadino, artista universal que puso voz y música a sentires, unos propios y otros ajenos, de poetas fundamentales.

Comentarios